
(Aportación de Alberto Giménez, Responsable de Calidad en Alicante)
Que durante el tiempo que llevo ofreciendo mis servicios a Mediapost, he ido observando la manera en la que trabajan mis compañeros y otras empresas de la competencia que desarrollan el servicio de marketing directo, realizando la tarea de reparto y distribución de la publicidad de una manera distinta.
Totalmente diferente, con otra actitud. En pocos días observé una enorme carencia de información hacia los repartidores de esas empresas que trabajan sin miramientos, sin preocupación, de manera agresiva, con solo el ego de crecer económicamente, con egoísmo. Y lamentablemente sin conocer la auténtica finalidad del marketing directo. Mucho menos del nuevo marketing relacional.
Porqué se coloca el folleto de una forma en concreto, qué es el retorno del folleto, la imagen que provoca un mal reparto tirado por el suelo, o la gravedad que tiene localizar u observar como un equipo de trabajo arroja varios ejemplares al interior de un contenedor.
Solo los trabajadores que posean un mínimo de responsabilidad hacia la empresa en la que trabajan se preocuparán por tener la respuestas a las preguntas mencionadas, y solo un pequeño porcentaje de esos empleados aplicaran esos conceptos de calidad al trabajo cumpliendo adecuadamente con la normativa optima para su compañía; mientras que la mayoría restante tomaran el camino fácil de desaparecer los folletos a repartir para aumentar su producción personal arriesgando la estabilidad laboral de toda una empresa.
Personalmente, aparte de los resultados productivos que tenga un trabajador, aprecio muchísimo la razón por la cual hace su trabajo. Todos nos diferenciamos en detalles a la hora de hacer el mismo encargo, aun habiendo una metodología de trabajo común. Y son esos detalles los que nos hacen destacar a la hora de realizar cualquier tarea, y es evidente que a veces depende en gran medida de la ilusión y la motivación con la que hagamos la tarea que nos han encomendado.
A continuación redacto una anécdota que escuche en un conjunto de viviendas adosadas en la provincia de Alicante, mostrando los valores importantes que debiera tener cada trabajador.
En una finca de unos 90 adosados, una empresa de reparto publicitario fue a buzonear el complejo con un pequeño cupón promocional. La entrada la obstaculizaba la cabina del conserje y al lado yacían dos paneles de buzones que se colocaron en el inicio de la construcción de la finca, lo cuales ya estaban abandonados. Cada hilera de adosados tenían su particular buzón individual, quedando alejados de la entrada principal tras la zona común ajardinada.
Pues esta empresa fue un día al medio día, en el descanso del conserje, y buzoneo el cupón promocional por duplicado en los paneles de buzones viejos de al lado de la cabina. Se notó que fue un trabajo con prisas, sin importarles que allí hubieran personas viviendo o no, y con la ceguedad de dejar cuantos más folletos mejor. Porque donde teóricamente podrían dejar 80 cupones, dejaron casi 200 ejemplares a dos por buzón y algunos montones por la cabina del portero.
Tras escuchar esto, le pregunté al conserje que me lo estaba contando, si hubiera habido alguna forma de acceder al interior de los adosados... Y me contestó lo siguiente:
Permanezco aquí gran parte del día, y en esas fechas había poco que hacer. Si aquellos que vinieron con el cupón me lo hubiesen pedido antes de hacer lo que hicieron, yo les hubiese cogido los 80 cupones y los habría puesto personalmente en cada buzón de los adosados. Colocándolos debajo de los felpudos en los que no tuvieran. No me hubiese importado dar una vuelta por la urbanziación.
En ese momento volvía a apreciar lo que se podría llegar a conseguir tan solo con un poco de educación, con sentido común y con algo de preocupación por el trabajo. Como hubiera cambiado el retorno de aquel cupón promocional, que de haber estado perdido en buzones olvidados, a ver ido a parar sin esfuerzo alguno a las puertas de los residentes que habitaban.
De poder volver con la imagen de tu empresa al mes siguiente, a no poder ni asomarte por esa finca tras la barbaridad de reparto que hubo.
De seguir avanzando mediante puertas abiertas, a ver como se te van cerrando perdiendo poco a poco cada cliente que tanto ha conseguido que confiara en tu servicio.
Pienso, que si únicamente nos dedicamos a cumplir con la normativa que nos indican seguiremos siendo trabajadores.
Si además actuamos con coherencia y pensando en los pros y contras de nuestras decisiones que puedan afectar a las personas de nuestro alrededor, seremos buenos trabajadores.
Pero si aparte de eso, ponemos en cada día ilusión, honestidad, esfuerzo, y respeto hacía nuestro entorno, seremos capaces de conseguir avanzar hacia nuevos objetivos mucho más difíciles, mucho más satisfactorios, mucho más humanos.
Y ese será el camino que nos hará entender un poco más, el significado de que existen personas que son imprescindibles.
Bienvenido al Marketing Relacional