En el Marketing del siglo pasado las empresas centraban todos sus esfuerzos en apuntar a una población concreta para “dispararles” sus mensajes publicitarios. Se trataba de una comunicación unidireccional cuyo objetivo era provocar una reacción mecánica y newtoniana: comprar un producto, contratar un servicio, asistir a un concierto, votar a un partido... Cuando la suficiente cantidad de individuos realizaban la acción deseada, llegaba el olvido, el “si te he visto, no me acuerdo...” Lo mismo ocurría en la mayoría de los casos después de una venta. Una vez cerrada una operación, lo habitual era desaparecer y “hasta la próxima”.
En el Marketing 2.0 al consumidor ya no se le ve como un objetivo inerme y descerebrado que se mueve por necesidades primarias, sino que se le considera miembro de un club poderoso e influyente que es el auténtico dueño de las marcas. Estamos asistiendo a casos donde las multinacionales tienen que modificar su política comercial ante un comentario de un blogero o retirar un producto del mercado como consecuencia de una protesta propagada a través de una página en facebook o un vídeo subido a YouTube. ¿Quién iba a imaginar un escenario así hace sólo cinco años? Sin embargo todavía hay compañías que permanecen ajenas a esta revolución que está transformando el mundo a una velocidad de vértigo.
En el Marketing 2.0 sólo caben las empresas que dialoguen con sus clientes, las empresas transparentes, sinceras y respetuosas. ¿Eres tú una de ellas?
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